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domingo, 12 de junio de 2016

La vita è bella


Prima querida, más que decir feliz cumpleaños
Quería desearte un feliz viaje,
Que al menos uno o la suma de todas tus travesías
Te lleve al lugar de paz que toda alma anhela.
Espero sinceramente que al final del camino,
Logres ver el sentido profundo y perfecto de las partes del todo.
Un abrazo en la distancia

Carolina Valenzuela


Leo su mensaje que me cala directamente el corazón. Qué sabiduría contienen sus palabras. Y a pesar que ya son más de diez años que no la veo y que con dolor siento que nos hayamos distanciado, recibir su mensaje por Messenger con motivo de nuestros cumpleaños, es la comprobación máxima de que me conoce bien. Sabe quién soy, mi dolor narciso, mis susceptibilidades y también mis luces.

El domingo se cumplieron 35 años desde que nací y al mirar hacia atrás, ya se hace considerable el sendero por el que vengo caminando todo este tiempo. Puertas que cerré, oportunidades que perdí, otras tantas que dejé pasar como las fugaces vistas fotográficas de los caminos que se forman entre los viñedos y que se pierden cuando avanzas en un auto a gran velocidad. También miro los aprendizajes que gané… En fin, un millón de cosas que hacen la persona que soy hoy.

A pesar de que mis amigos y el círculo de mi gente que me rodea, me reafirma que aún soy joven y que la edad es un simple número, yo siento que comienzo a abrazar la juventud más ligera que he conocido hasta ahora. Y cuando digo abrazar es en despedida e infinita gratitud. Esto no significa que me sienta vieja ni mucho menos, pero hay una serie de cambios que he comenzado a experimentar hace un tiempo y que antes caían en la indiferencia.
Quizás a nivel físico no se note o por lo menos no tanto, pero a nivel psicológico me siento más determinada y con una fuerza que antes no conocía. Como funcionando en “modo resolución” para definir un montón de cuestiones que antes las mantenía más en el limbo, sin prisas. Por ahí lo dejaba en manos del tiempo porque en “el futuro” se iría viendo. Bueno a eso me refiero… ese “futuro” que antes veía tan lejos, de pronto se vino al presente. Y la consecuencia principal es tener la consciencia de que si quiero hacer algo, tiene que ser ahora. Sino, lo suelto como camino posible para mi y me olvido. Ejemplos de esto es pensar qué cosas siempre quise para mi vida –aprender inglés, italiano, enfocarme en mis proyectos literarios, viajar y mantenerme en forma– y luego priorizarlas para no perder el foco en el paisaje de las variedades.
Con el tiempo he aprendido de mis amigos emprendedores, a quienes admiro mucho (y pienso especialmente en uno) que en silencio trabajan como hormigas en sus proyectos y que sólo cuando ya tienen todo listo, los abren y los comunican. Bueno, no sé si pueda en algún momento quedarme mucho tiempo callada porque tengo una fuerza en mí que me impulsa a compartir las cosas –buenas y malas– que voy viviendo. Pero inspirada por el ejemplo de muchos, es que estoy resolviendo tantas cuestiones (algunas en silencio y otras no) que siempre había anhelado. Una de ellas claramente es estar viviendo afuera de mi país para ver la vida desde una perspectiva más amplia, agradecer por aquello que tenía allá y que hoy cobra un valor trascendental; así como también, soltar lo que hoy ya no encuentra lugar en mi nuevo mundo.
Otro tema pendiente que hoy estoy concretando es aprender nuevos idiomas. Es por ello que hace un tiempo comencé las clases de “italiano para principiante” y la verdad es que ha sido una experiencia maravillosa. Primero porque los participantes somos muy diversos en edades, estilos y nacionalidades. Segundo, porque curiosamente estar aprendiendo un tercer idioma en una lengua que no es la materna –en este caso español como idioma primario– hace que el segundo (inglés) se fortalezca y no se pierda por entrar en discordia con el nuevo idioma (italiano) –Y que es el fenómeno que frecuentemente ocurre al aprender la tercera lengua–. Me cuesta un poco explicarlo pero si la profesora o en este caso la “insegnante”, habla en inglés como sustento para explicarlo todo, automáticamente tu cerebro comienza a depender de una manera no tan directa o atenta al inglés, para poder abrirle paso a la incorporación del italiano. Así es que me siento feliz por este descubrimiento que llegó como un regalo sin habérmelo propuesto, porque a veces lo paso mal con el inglés al no tener la fluidez que me gustaría para expresar mis ideas o compartir más con las personas que me hablan.
En la clase tenemos algunos compañeros que ya han pasado los setenta años y tienen una entusiasmo para aprender que resulta notable. Un claro ejemplo de ello lo es Carolyn, mujer proveniente de Vermont y que hoy día está cumpliendo el sueño de aprender el italiano. Ella no habla mucho, solo se ríe. Cuando tuvo que presentarse –un poco divertida y otro poco con vergüenza– nos confesó que no tiene antepasados italianos y no llegó a conocer ese país sino hasta hacía muy poco. En realidad no sabe qué tiene ese idioma que desde pequeña le fascina… Sí reconoce que las canciones suenan más románticas y que escucharlas le llena el espíritu. Sin embargo, por cuestiones de crianza de sus hijos y después sus nietos, lo había dejado perdido en el estante de los sueños olvidados hasta que un día limpiando su vida, se reencontró nuevamente con él. 
Yo quisiera ser esa señora siempre. No desestimar mis sueños por mis propias limitaciones, miedos e inseguridades. Que el querer sea más que suficiente para poder y no perderme en el mar de justificaciones que me formo para explicar por qué o para qué tal cosa. Para Carolyn simplemente es y punto. Razón suficiente para hacerlo. Además, como dijo entre risas delante de toda la clase: “Ya no tengo tiempo que perder ni nada que me limite… Así es que por qué no… La Vita è Bella”.
A mi me encanta observarla y creo que su presencia basta para llenar el espacio de toda la sala. Apenas entro la busco con la mirada y como nunca falta, la reconozco de inmediato: Sentadita en las primeras filas, atenta a saludar a todos y riéndose hasta de lo que no es chistoso… No le he preguntado (y tampoco lo voy a hacer) pero yo creo que tanta alegría es de la pura felicidad de estar donde siempre quiso.


¡Non è un addio, ma un arrivecerci!

domingo, 5 de junio de 2016

Busco amig@s


Puerto Rico? Presente!
Santo Domingo? Presente!
Cuba? Presente!
México? Presente!
Sudamérica? Presente!
Centroamérica? Presente!
Puerto Ricoooooooo
Ya tú sabes

Sigan bailando mi gente (x7)

Qué es lo que quiere esa nena - El General


Acabo de regresar con una amiga de la costa de Florida y créanme que más allá de disfrutar del sol, la arena y el mar, la satisfacción más grande fue sentir que cuento con una nueva amiga, acá en los Estados Unidos.

Se trata de Camila, de nacionalidad uruguaya, recién casada con Martín quien está cursando el segundo año de un programa de magister. Coincidimos porque nuestras parejas son compañeros y a pesar de que sólo nos habíamos visto un par de veces, cuando se nos presentó la oportunidad de arrancarnos por un fin de semana, la verdad es que no lo pensamos dos veces y nos embarcamos en esta nueva aventura. La idea era dormir en el avión porque ambas estábamos agotadas (sobre todo ella, que se pasó prácticamente el día completo en el cielo al hacer Uruguay-Washington y dos horas después Washington-Carolina del Sur-Florida), pero lo cierto fue que no pudimos parar de hablar hasta llegar al destino soñado a eso de las 4 AM.

Si hubiesen podido, las personas a nuestro alrededor nos abrían lanzado desde la ventana hacia abajo -con cierta razón- porque soy consciente de que parecíamos dos cotorras insoportables que se reían y hablaban como unas desenfrenadas… Y es que así estábamos. Atoradas de ganas de expresarnos y compartir “a la manera latina” el cariño en la conexión con el otro y que muchas veces no nos damos cuenta de lo arraigado que se encuentra en la piel. Acá en Estados Unidos la diferencia ha sido abismal y sin un ánimo de cuestionar la idiosincrasia “americana”, los códigos relacionales distan mucho de los nuestros.

Por ejemplo, ella me cuenta que ya va a cumplir un año y que lamentablemente ya se dio por vencida a la ilusión de poder hacer amigos locales, como era su anhelo al momento de desembarcar a este país. Porque al igual que para la mayoría de muchos inmigrantes, el secreto (y no tan secreto) mandato social, es que sólo puede considerarse a la persona que vivió afuera, cuando ésta ha sido capaz de entablar vínculos con las personas del país. Sino, es como que nunca saliste de tu zona de confort o de aquello que siempre conociste.

Quizás el aspirar a tener más redes locales, sea una especie de fantasía de integración, pero como sea, son cuestiones que con el tiempo van pesando cuando se ven frustradas. Como si ya no fuera pesada la maleta que se carga al momento de partir, muchas personas sufren de ver que por más que se esfuerzan por romper el latino cascarón, se mantienen en un margen social que desde afuera parece casi imperceptible. Nadie lo nota porque te ves feliz en las fotos, visitas lugares nuevos, puedes estar con tu pareja… pero la verdad es que el factor común de todos nosotros es la falta de amigos.

-   Para estar sólo con latinos, me quedo en Uruguay y “ta” (ya está)– Le decía a Martín cuando le proponía ir a alguna escuela de merengue o salsa.

Pero después de haber ingresado a la compañía que la contrató como ingeniera en informática, encargada del desarrollo de aplicaciones digitales, su perspectiva cambió radicalmente. Al principio, intentaba quedar con sus compañeros a almorzar o armar algún panorama el fin de semana, pero terminó por agotarse tras recibir una tras otra declinación a sus invitaciones.

-       No sé yo no lo entiendo. Prefieren comprar algo para comer y pasarse la hora de colación sentados en sus cubículos en frente de la computadora.

A mi se me aprieta el corazón de escucharla porque al igual que ella yo sé lo que es tener una red de amigos entrañables con los cuales compartir tu mundo y un sin fin de experiencias de vida. Si yo vivo conectada a ellos, pensándolos, enviándoles mis energías aunque no hablemos todos los días. Y sé que es mutuo.

Al bajar del avión y llegar a destino, nos sentimos mucho más en sintonía. Ya me habló de su amiga María (con la que se conoció desde que estaban en la panza de sus madres), de su amiga modelo que tiene un gato al igual que ella y que está regresando de estudiar un año en Inglaterra, de su tía joven que es como una hermana más… en fin. Básicamente, de todos sus afectos.

Nada más poner un pie en Florida… ya se siente el sabor latino. Y qué maravillosa experiencia que vivimos. Además del calor natural del clima que abraza las costas de Fort Lauderdale y Miami por donde nos movimos, las personas te miran a los ojos, te sonríen y sin importar quién eres o dónde vives, abren conversaciones con la misma naturalidad que respirar o pestañar. Residentes de Puerto Rico, Cuba, Colombia, Venezuela, Costa Rica y toda américa sabrosa nos abrazaron durante este fin de semana para recordarnos que la vida es maravillosa y que nuestra identidad es así. Fue una confirmación y una validación a nuestra idiosincrasia y raíces. Sobre todo agradecer en el alma el carácter y la manera de ser que tenemos: expresivos, con mil amigos y “de piel”.

Son muchas las imágenes se me pasan por la cabeza al recordar ese fin de semana inolvidable, como cuando me maquilló al Kardashian style para ir a una fiesta y que durante la fiesta tuvimos que arrancar de todos los ancianos de más de 70 años que nos perseguían para invitarnos un trago. O cuando arrendamos un auto y que casi nos chocan por ir gritando (porque no era canto) el último disco de la Beyoncé. Y es que al intentar cambiarme de pista, no vi el auto que se me venía encima por el punto ciego del retrovisor.

Eso era exactamente lo que buscábamos sin declararlo abiertamente. Ahí tuvimos la respuesta. Después del primer día, sólo fue disfrute. Porque en definitiva, nos reconectamos con quiénes somos y qué necesitamos. Yo creo que esa es una gran revelación que libera el alma.

Hoy Cami está regresando de lo que fue su primera visita a su país después de haber partido y se da cuenta del profundo impacto que esta experiencia le ha significado para su vida. Y a pesar de que sufre porque al igual que yo se siente sola, la enseñanza más grande es constatar en la piel que sus amigos están y seguirán estando para siempre. Durante la semana que estuvo en Uruguay, salieron de baile, tomaron mates y abrieron conversaciones entrañables. Quizás eso era lo que también fue a buscar para poder cerrar en paz lo que había quedado abierto y sin sanar cuando se embarcó en esta aventura. Porque a diferencia de la última vez que dejó su país, llena de lágrimas y  cuestionamientos por la pérdida de sus afectos… Hoy se da cuenta que los vínculos que construyó durante su vida, son indestructibles. Al igual que yo con los míos.


Puede que ahora queramos tener más amigos y redes de contención, pero sabemos que ES ESO y que quizás tome más o menos tiempo, pero tarde o temprano llegará. En mi caso personal cuento con Deneb, mi preciosa amiga cubana y ahora con Cami. Y me siento muy feliz por saber que están a mi lado para acompañarnos en esta nueva etapa.

domingo, 20 de marzo de 2016

¿Estás enfermo? ¡Empodérate y de cabeza a investigar!


www.forodelzocalo.cl
www.portalesmedicos.com
www.minsal.cl
www.cancer.org

Cada vez que se mencionaba la palabra exámenes me fastidiaba tremendamente. Cualquier expresión que aludiera a “PAP”, tratamiento, chequeo anual, antibióticos, radiografías, eco-tomografías, me ponía los pelos de punta. Todo lo que tenía que ver con la salud de la medicina tradicional para mí representaba un camino en el que se sabía cuándo comenzaba pero ni idea cuándo terminaba. Desde que tengo memoria evitaba a toda costa ir al doc por temor a que me dijera: “Bueno, tenemos que hacer “X” para descartar “Y”, pero si es “Z” hay que investigar si... bla bla bla...”.

Y esta especie de resistencia médica se reforzaba por malas experiencias. Para llegar a determinar mi intolerancia a la lactosa, por ejemplo, peregriné por cuanto doctor hubo, pasando por diferentes diagnósticos, unos más lapidarios que otros que determinaron desde mal de Crohn hasta celiaquía. No conforme con ninguna de estas etiquetas, además del malestar que persistía, continuaba en la búsqueda de un alivio más sostenido. Mi calvario terminó cuando una doctora gastroenteróloga me hizo exámenes de sangre específicos y determinó que retirando ciertos productos de mi dieta mi vida volvería a la completa normalidad. Y así fue ¡Menos mal haber caído en sus manos!

Como resultado, iba lo justo y necesario. Solo cuando me estaba muriendo y ya sentía que no podía seguir en pie, cedía ante la presión de mi familia para sacar hora y dejarme ver por manos especialistas. Pero las cosas cambiaron cuando cumplí 30 años y quisimos con mi esposo tener un hijo. Nunca imaginamos siquiera lo que nos esperaba.

Como tomé pastillas anticonceptivas por años me hicieron una serie de exámenes de menos a más invasivos que arrojaron un diagnóstico inesperado. Trompas obstruidas y una baja reserva ovárica en relación a una mujer de mi edad que conducía de manera inevitable a tomar la vía de la fertilización in vitro. La ginecóloga especialista fue tajante en este punto: “si quieren ser padres este es el único camino. Ya lo revisamos en junta médica así es que todos los doctores están de acuerdo”.

Ocurrió que por una mezcla de confianza y falta de proactividad de nuestra parte, nos dejamos llevar a ojos cerrados por un camino de tratamientos que nos trajo más desazones que aciertos. Y es que cuando como paciente no te empoderas de tu situación y no tomas un rol activo, puedes caer en un espiral de confusiones bastante grande como nos pasó a nosotros.

Después de 4 ICSIS (inyección intra-citoplasmática de esperatozoides), dos concluidas y dos interrumpidas, una operación para destapar las trompas y un raspaje de útero para sacar unos pólipos… llegué a la conclusión de que antes de embarcarse en algún tratamiento, primero es clave armar una ruta de trabajo en tu casa antes de presentarse en la consulta. Por evidente que parezca, es muchísimo lo que se gana en términos de enriquecer las conversaciones, abrir alternativas y profundizar en el caso particular cuando ya se tiene más menos una idea de posibles enfermedades, tratamientos o medicamentos.

Por qué digo esto: porque en nuestro caso cuando un tratamiento no resultaba, recién ahí se tomaba una medida correctiva que a veces no era más que tomar vitaminas o un desinflamatorio de amplio espectro para preparar al útero antes de ser implantado con un embrión. Todo me parecía tan a ciegas y recién contra resultados, se consideraba una acción preventiva para descartar que en el futuro ocurra un fracaso nuevamente. Y yo pensaba: “Por qué no partimos ahí primero”. Pero siempre me callé y el precio que pagamos fue alto. Hablamos de 5 ó 6 millones más por cada intento además de ver cómo toda la ilusión de ser padres se estrellaba contra la muralla. Así se nos fue lo que representaba una fortuna sin darnos cuenta, impulsados por las voces que nos decían ahora sí aumentaríamos las posibilidades de embarazo.

Pero la gota que rebalsó el vaso resultó ser que internamente el relieve del útero tenía múltiples pólipos que impedirían que cualquier embrión anidara para un posterior desarrollo. Y era tan evidente la morfología anómala que el médico ginecólogo que hizo el examen y que trabajaba en una unidad distinta a la de fertilidad, me pidió que una vez que terminara de vestirme lo esperara afuera para que pudiéramos conversar un momento. Ahí me dijo que a su juicio lo que habían cometido conmigo era de una negligencia grave porque todas las “in vitro” anteriores estuvieron desde el día 1 destinadas al fracaso. Él habiendo realizado este examen simple en el que se muestra la morfología interna a través de un líquido de contraste, se dio cuenta de lo evidente. Así es que un mes más tarde, estaba entrando al quirófano nuevamente para un raspaje que emparejara y limpiara las paredes.

Me di cuenta que con el cerro de casos que los doctores atienden no necesariamente se toman el tiempo para estudiar a cabalidad la realidad de una persona, de manera individualizada y profunda. A veces siguen un protocolo bien estricto y cierran de antemano caminos que si el paciente no propone, se pierden definitivamente como posibilidades para él.

En nuestro caso, después de toda esta experiencia comenzamos a investigar en la web, participar de diversos foros y pedir nuevas opiniones. Fue tanta la información que recibimos que se podría decir que hicimos un doctorado teórico y práctico en materia de fertilidad. Llegamos incluso a Estados Unidos que lleva añares de investigación y experiencia al respecto.

Las cosas cambiaron radicalmente. Con un diagnóstico claro, pudimos tomar otras decisiones y a pesar de que finalmente resolvimos conformar una familia de a dos, sin hijos, nos quedamos con la tranquilidad de que movimos cielo y tierra para encontrar las respuestas.

Yo pienso que esta podría ser una mirada de cualquier persona frente a su salud, no importa el diagnóstico, si es cáncer, endometriosis o alguna enfermedad degenerativa. Hoy en día las redes ofrecen un océano de información y experiencia de personas que han padecido situaciones similares para armarnos un esquema y llegar frente al médico con los ojos más abiertos. Nadie dice que uno sepa más que ellos, pero el cuerpo es propio y siempre podemos elegir alguna alternativa sin importar la gravedad de nuestro estado. La cuestión es empoderarse y exigir explicaciones, alternativas, aclaraciones de por qué en tal país se aplican tales procedimientos o si es posible replicarlos para tener mejores resultados. Pero si no investigamos y nos entregamos a ojos cerrados, evidentemente que el campo de posibilidades se restringe.

Pienso que como sociedad, debiéramos dejar de tener el rol pasivo o de acallarnos frente a la “autoridad” médica. Y si el especialista no se siente cómodo o nos objeta una actitud más participativa, habría que cuestionarse si es el mejor especialista para nosotros. No porque sea una eminencia o trabaje en la mejor clínica, necesariamente siempre vaya a estar en lo correcto.

Tengo casos cercanos de amigas que entraron a pabellón confiados en que les harían una revisión o limpieza y salieron con una trompa de Falopio menos, por ejemplo. Situaciones como estas no pueden seguir ocurriendo. Por esto se hace tan importante tener una presencia activa en el camino de tu recuperación, preguntar por alternativas, presupuestos, prácticas experimentales, etc. etc.


No se trata de instalar un clima de desconfianza ni mucho menos de “guerrilla” en la consulta, sino que de aunar fuerzas con los especialistas de lo que sean, en beneficio de nuestra propia salud y nuestra propia vida. Al final, siento que no podemos delegar en otros -por más que cuenten con todas las certificaciones en las mejores universidades del mundo- nuestra salud completamente. Somos responsables por nosotros mismos y todo lo que aprendamos de nuestro cuerpo, a partir de la constatación de cómo nos sentimos, reacción con los medicamentos, experimentación con medicina alternativa, se traducirá en una mejor calidad de vida.