Mostrando las entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de marzo de 2016

¿Estás enfermo? ¡Empodérate y de cabeza a investigar!


www.forodelzocalo.cl
www.portalesmedicos.com
www.minsal.cl
www.cancer.org

Cada vez que se mencionaba la palabra exámenes me fastidiaba tremendamente. Cualquier expresión que aludiera a “PAP”, tratamiento, chequeo anual, antibióticos, radiografías, eco-tomografías, me ponía los pelos de punta. Todo lo que tenía que ver con la salud de la medicina tradicional para mí representaba un camino en el que se sabía cuándo comenzaba pero ni idea cuándo terminaba. Desde que tengo memoria evitaba a toda costa ir al doc por temor a que me dijera: “Bueno, tenemos que hacer “X” para descartar “Y”, pero si es “Z” hay que investigar si... bla bla bla...”.

Y esta especie de resistencia médica se reforzaba por malas experiencias. Para llegar a determinar mi intolerancia a la lactosa, por ejemplo, peregriné por cuanto doctor hubo, pasando por diferentes diagnósticos, unos más lapidarios que otros que determinaron desde mal de Crohn hasta celiaquía. No conforme con ninguna de estas etiquetas, además del malestar que persistía, continuaba en la búsqueda de un alivio más sostenido. Mi calvario terminó cuando una doctora gastroenteróloga me hizo exámenes de sangre específicos y determinó que retirando ciertos productos de mi dieta mi vida volvería a la completa normalidad. Y así fue ¡Menos mal haber caído en sus manos!

Como resultado, iba lo justo y necesario. Solo cuando me estaba muriendo y ya sentía que no podía seguir en pie, cedía ante la presión de mi familia para sacar hora y dejarme ver por manos especialistas. Pero las cosas cambiaron cuando cumplí 30 años y quisimos con mi esposo tener un hijo. Nunca imaginamos siquiera lo que nos esperaba.

Como tomé pastillas anticonceptivas por años me hicieron una serie de exámenes de menos a más invasivos que arrojaron un diagnóstico inesperado. Trompas obstruidas y una baja reserva ovárica en relación a una mujer de mi edad que conducía de manera inevitable a tomar la vía de la fertilización in vitro. La ginecóloga especialista fue tajante en este punto: “si quieren ser padres este es el único camino. Ya lo revisamos en junta médica así es que todos los doctores están de acuerdo”.

Ocurrió que por una mezcla de confianza y falta de proactividad de nuestra parte, nos dejamos llevar a ojos cerrados por un camino de tratamientos que nos trajo más desazones que aciertos. Y es que cuando como paciente no te empoderas de tu situación y no tomas un rol activo, puedes caer en un espiral de confusiones bastante grande como nos pasó a nosotros.

Después de 4 ICSIS (inyección intra-citoplasmática de esperatozoides), dos concluidas y dos interrumpidas, una operación para destapar las trompas y un raspaje de útero para sacar unos pólipos… llegué a la conclusión de que antes de embarcarse en algún tratamiento, primero es clave armar una ruta de trabajo en tu casa antes de presentarse en la consulta. Por evidente que parezca, es muchísimo lo que se gana en términos de enriquecer las conversaciones, abrir alternativas y profundizar en el caso particular cuando ya se tiene más menos una idea de posibles enfermedades, tratamientos o medicamentos.

Por qué digo esto: porque en nuestro caso cuando un tratamiento no resultaba, recién ahí se tomaba una medida correctiva que a veces no era más que tomar vitaminas o un desinflamatorio de amplio espectro para preparar al útero antes de ser implantado con un embrión. Todo me parecía tan a ciegas y recién contra resultados, se consideraba una acción preventiva para descartar que en el futuro ocurra un fracaso nuevamente. Y yo pensaba: “Por qué no partimos ahí primero”. Pero siempre me callé y el precio que pagamos fue alto. Hablamos de 5 ó 6 millones más por cada intento además de ver cómo toda la ilusión de ser padres se estrellaba contra la muralla. Así se nos fue lo que representaba una fortuna sin darnos cuenta, impulsados por las voces que nos decían ahora sí aumentaríamos las posibilidades de embarazo.

Pero la gota que rebalsó el vaso resultó ser que internamente el relieve del útero tenía múltiples pólipos que impedirían que cualquier embrión anidara para un posterior desarrollo. Y era tan evidente la morfología anómala que el médico ginecólogo que hizo el examen y que trabajaba en una unidad distinta a la de fertilidad, me pidió que una vez que terminara de vestirme lo esperara afuera para que pudiéramos conversar un momento. Ahí me dijo que a su juicio lo que habían cometido conmigo era de una negligencia grave porque todas las “in vitro” anteriores estuvieron desde el día 1 destinadas al fracaso. Él habiendo realizado este examen simple en el que se muestra la morfología interna a través de un líquido de contraste, se dio cuenta de lo evidente. Así es que un mes más tarde, estaba entrando al quirófano nuevamente para un raspaje que emparejara y limpiara las paredes.

Me di cuenta que con el cerro de casos que los doctores atienden no necesariamente se toman el tiempo para estudiar a cabalidad la realidad de una persona, de manera individualizada y profunda. A veces siguen un protocolo bien estricto y cierran de antemano caminos que si el paciente no propone, se pierden definitivamente como posibilidades para él.

En nuestro caso, después de toda esta experiencia comenzamos a investigar en la web, participar de diversos foros y pedir nuevas opiniones. Fue tanta la información que recibimos que se podría decir que hicimos un doctorado teórico y práctico en materia de fertilidad. Llegamos incluso a Estados Unidos que lleva añares de investigación y experiencia al respecto.

Las cosas cambiaron radicalmente. Con un diagnóstico claro, pudimos tomar otras decisiones y a pesar de que finalmente resolvimos conformar una familia de a dos, sin hijos, nos quedamos con la tranquilidad de que movimos cielo y tierra para encontrar las respuestas.

Yo pienso que esta podría ser una mirada de cualquier persona frente a su salud, no importa el diagnóstico, si es cáncer, endometriosis o alguna enfermedad degenerativa. Hoy en día las redes ofrecen un océano de información y experiencia de personas que han padecido situaciones similares para armarnos un esquema y llegar frente al médico con los ojos más abiertos. Nadie dice que uno sepa más que ellos, pero el cuerpo es propio y siempre podemos elegir alguna alternativa sin importar la gravedad de nuestro estado. La cuestión es empoderarse y exigir explicaciones, alternativas, aclaraciones de por qué en tal país se aplican tales procedimientos o si es posible replicarlos para tener mejores resultados. Pero si no investigamos y nos entregamos a ojos cerrados, evidentemente que el campo de posibilidades se restringe.

Pienso que como sociedad, debiéramos dejar de tener el rol pasivo o de acallarnos frente a la “autoridad” médica. Y si el especialista no se siente cómodo o nos objeta una actitud más participativa, habría que cuestionarse si es el mejor especialista para nosotros. No porque sea una eminencia o trabaje en la mejor clínica, necesariamente siempre vaya a estar en lo correcto.

Tengo casos cercanos de amigas que entraron a pabellón confiados en que les harían una revisión o limpieza y salieron con una trompa de Falopio menos, por ejemplo. Situaciones como estas no pueden seguir ocurriendo. Por esto se hace tan importante tener una presencia activa en el camino de tu recuperación, preguntar por alternativas, presupuestos, prácticas experimentales, etc. etc.


No se trata de instalar un clima de desconfianza ni mucho menos de “guerrilla” en la consulta, sino que de aunar fuerzas con los especialistas de lo que sean, en beneficio de nuestra propia salud y nuestra propia vida. Al final, siento que no podemos delegar en otros -por más que cuenten con todas las certificaciones en las mejores universidades del mundo- nuestra salud completamente. Somos responsables por nosotros mismos y todo lo que aprendamos de nuestro cuerpo, a partir de la constatación de cómo nos sentimos, reacción con los medicamentos, experimentación con medicina alternativa, se traducirá en una mejor calidad de vida.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Shake it, Shake it, Shake it


¡Sientan la música! Y si esta se detiene no significa que ustedes lo pueden hacer ¡Vamos! ¡Arriba!
No se muevan como autómatas… ¡Esto es mitad técnica y mitad actitud!
Si se equivocan con un paso ¡No importa! Ustedes disimulan agitando la cabeza, moviendo su pelo, haciendo un giro, levantando una pierna… Y nadie lo va a notar.
Pero no se olviden: ¡La cara también vende!
Y cuando les pregunten en la calle ¡Ay! ¿Por qué haces eso?
Bueno ustedes les contestan: ¡Pues porque puedo!

Nos desafía el gran Matías Keller con su ímpetu característico, mientras enseña una coreografía al ritmo de Beyoncé. Cada día nos sorprende con una nueva rutina, con lo cual sus clases nunca pierden el nivel de exigencia y desafío constante. Jamás hubiera pensado que me animaría a aprender un baile tan desenfadado como el Twerk, en donde la liberación de las caderas y en particular el trasero resulta ser la clave de todo ¡Y me encanta!

Hay algunas personas que consideran esta práctica como indecente e incluso hay un montón de “memes” circulando en la web en contra de quienes lo hacen, ya que los movimientos son semejantes a los que se realizan cuando tienes sexo y más intensificados aún. En resumidas cuentas, esta disciplina incluye el abrirse de piernas completamente, quebrar la espalda, agitar la cabeza y la pelvis mientras estás en cuatro patas sobre el suelo. Pero dejando a un lado los prejuicios y esquemas morales, qué bien que se siente el derroche de fuerza femenina que se libera a raudales durante la hora que dura cada clase, mientras agitas el trasero con una intensidad tal, que pareciera que se te va a desatornillar. Al principio me daba mucha tentación de risa mirarme en el espejo que cruza la sala, sobre todo por mi tosquedad y rigidez en contraste con el resto de las chicas, pero poco a poco fui dejando a un lado la sensación de ridículo para abrazar la liberación y la provocación también.

A mí siempre me han maravillado las personas que llevan la gracia para moverse en la sangre. Esas de que ritmo que les pongan, ritmo que te bailan, así como si hubiesen nacido danzando… Quizás escucharon música cuando estaban en el vientre materno o tuvieron el privilegio de participar en alguna academia de ballet o danza cuando pequeños. Pero como sea, es una virtud que he admirado desde que tengo uso de razón y como soy de esas que se levanta con música y duerme con ella, yo también siempre estoy bailando: mientras ordeno, cocino o me arreglo para salir.

Quizás ese fue el motivo por el cual me impactó tanto cuando vi por primera vez a la española Irie Queen dejando literalmente “todo” en la pista y lo que me llevó a buscar en la web qué escuelas se impartían acá en Santiago. En realidad, animada por soltar el cuerpo, yo estaba motivada por aprender reggaeton, bachata, dembow, break dance o sexy style. Casi siempre sigo algún tutorial para aprender un pasito nuevo y eso hacía hasta que inesperadamente me encontré con estos movimientos que me cautivaron completamente.

Por un momento me sentí como el clásico de Emociones Clandestinas que dice: “Ha salido un nuevo estilo de baile… Y yo no lo sabía”. Descubrí que es el baile del momento y se está ensayando en todo el mundo. Las grandes celebrities como Beyoncé, Rihanna o Nicki Minaj lo han ido masificando hasta tal punto que ya es considerado prácticamente como una rutina fitness. Y la verdad es que con una clase de una hora, se pueden quemar más de 500 calorías, además de tonificar la zona abdominal, muslos y sobre todo glúteos. Esto porque incluye muchos movimientos equivalentes a las estocadas, squats y rutinas en donde tienes que mantener el abdomen duro y el culo apretado por largo rato para no perder equilibrio y caer al piso. De hecho, en youtube puedes encontrar interesantes tutoriales como las lecciones de Twerkout que desarrolló la diva Lexy Panterra y que hoy la tienen en la cúspide por ser una de las primeras en atreverse a enseñarle a mover el trasero a todas las mujeres en el mundo.

Así es que con mi nuevo objetivo entre ceja y ceja, encontré el sitio de Twerkit Chile en Facebook y llegué a mi primera clase una calurosa tarde de martes, a eso de las 7:00 PM. Iba nerviosa, no sabía a quiénes encontraría y si sería capaz de coordinar algo. Lo único que tenía claro es que yo quería intentarlo. Llegando a Manuel Bulnes esquina con Martínez de Rozas, me bajé del taxi y siguiendo la numeración hasta el 850 entré por un galponcito que no tenía mayor branding que la pintura coloreada de la entrada. Caminé por un pasillo oscuro hasta que me asomé a la gran sala de baile y en ese momento, sentí que confirmaba toda la motivación que me había atraído hasta este lugar.

Unas veinticinco mujeres moviéndose de manera sexy al compás de la música y sin ningún tipo de inhibición. El profesor y quien orquesta todo lo que ocurre sobre la pista, es el que las anima y seguriza, corrigiendo las posturas y sabiendo respetar los tiempos de cada una, ya que es consciente de que algunas somos más reprimidas o tiesas que otras. Por la soltura que demostraban, sobre todo las que se ubicaban más adelante, se diría que llevaban la vida entera practicando. Pero sin duda que eso no era relevante. En este rectángulo por sala, somos todas horizontales. No importa la edad, quién eres, ni mucho menos el estado físico que tengas. Nadie mira a nadie con ojos juzgadores, si estás más gorda, más flaca, si tienes trasero, si eres plana, si tienes estrías o celulitis… ¡Da igual! Acá lo importante es liberar al cuerpo de la mente y expresarse de una manera tal que pareciera que se despertaran los ancestros africanos que llevamos en los genes humanos.

Tal vez por fin estamos aprendiendo a conectarnos con la mujer salvaje que llevamos en nuestro interior y que por años permaneció relegada en un segundo plano. Aunque no lo parezca a simple vista y se confunda con una rutina más dentro del amplio paisaje con ofertas de gimnasia aeróbica, en este espacio se expelen altas dosis de liberación, sabiduría más instintiva y liderazgo matriarcal. Definitivamente que acá es un privilegio ser mujer y el sentirse femenina, un requisito para poder moverse al ritmo de la música. Yo pienso en el chakra raíz, la fuerza creadora que es donde se origina la vida. Por tantos siglos se ha reprimido al cuerpo y hoy a partir de este tipo de expresiones podemos volver a conectarnos con esta energía vital para disfrutarla y por qué no llevar un estilo de vida más saludable. Si al final el resultado es el sentirse libre y bello, sin dudas que el efecto sanador sobre el organismo es tremendo.

Pareciera ser que atrás han quedado los estereotipos de la androginia, donde mejor era ser lo más flaca y plana posible. Hoy todas buscan de la manera que sea potenciar sus curvas y desarrollar el lado femenino a raudales. De referentes como Kate Moss nos hemos desplazado hacia las hermanas Kardashian, donde más allá de un rostro perfecto y la máxima delgadez posible, hoy se valora mucho más la presencia de caderas y sobre todo, el ser sexy a partir de la belleza personal. Y la oferta de tutoriales estéticos publicados en las redes, te abren un universo de posibilidades para lucir mejor potenciando al máximo tus atributos. Desde uñas con diseño, maquillaje para la ocasión que sea, peinados, tinturas, moda… hasta el infinito.

Me gusta pensar que esta es la dirección: mujeres empoderadas pero ya no añorando el liderazgo masculino, sino que desde el trono del arquetipo de la “emperatriz” -o de la “mujer salvaje” para la psicoanalista Clarisa Pinkola-, aquella que dice y hace derrochando sensualidad, aplomo y altas dosis de belleza. Y precisamente desde ahí sale adelante para habitar al mundo desde este otro lugar.

Así es que estas últimas semanas han sido de mucha revelación. Y lo seguirán siendo porque a pesar de que las clases se terminan hasta el mes de abril por temas de agenda del profesor, durante marzo comienza el ciclo de Dancehall Queen. Así es que a modo de cierre, el próximo domingo se realizará un seminario abierto para todas las interesadas en aprender. Como acá la creatividad converge con el erotismo, todas las chicas se preparan para ensayar caracterizadas con algún animal que mejor las represente. Así es que se imaginarán cómo arde el whatsapp del grupo… las más osadas han hecho sus propios diseños de maquillaje y uñas en versión “animal print”. 


Por mi parte, últimamente he incorporado nuevas palabras a mi vocabulario que corresponden a mis próximos desafíos y que no son más que los nuevos pasos y giros que estamos aprendiendo: wave, wine, shake y jiggle… Sinceramente, aún no sé cómo voy a lograr que mis caderas se suelten completamente para alcanzar la anhelada independencia con respecto al resto del cuerpo… Y sufro de verme como robot en los videos que se suben a las redes… Una amiga me dice que esto me pasa porque tengo el perfil “medallita de oro” y siempre quiero hacer todo bien a la primera. Yo me río por cómo me sacó la foto. Así es que a pesar de que a veces me angustie, luego me acuerdo de que lo estoy intentando y que la perseverancia hace al maestro… y se me pasa =P