Mostrando las entradas con la etiqueta disfrutar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta disfrutar. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2016

Busco amig@s


Puerto Rico? Presente!
Santo Domingo? Presente!
Cuba? Presente!
México? Presente!
Sudamérica? Presente!
Centroamérica? Presente!
Puerto Ricoooooooo
Ya tú sabes

Sigan bailando mi gente (x7)

Qué es lo que quiere esa nena - El General


Acabo de regresar con una amiga de la costa de Florida y créanme que más allá de disfrutar del sol, la arena y el mar, la satisfacción más grande fue sentir que cuento con una nueva amiga, acá en los Estados Unidos.

Se trata de Camila, de nacionalidad uruguaya, recién casada con Martín quien está cursando el segundo año de un programa de magister. Coincidimos porque nuestras parejas son compañeros y a pesar de que sólo nos habíamos visto un par de veces, cuando se nos presentó la oportunidad de arrancarnos por un fin de semana, la verdad es que no lo pensamos dos veces y nos embarcamos en esta nueva aventura. La idea era dormir en el avión porque ambas estábamos agotadas (sobre todo ella, que se pasó prácticamente el día completo en el cielo al hacer Uruguay-Washington y dos horas después Washington-Carolina del Sur-Florida), pero lo cierto fue que no pudimos parar de hablar hasta llegar al destino soñado a eso de las 4 AM.

Si hubiesen podido, las personas a nuestro alrededor nos abrían lanzado desde la ventana hacia abajo -con cierta razón- porque soy consciente de que parecíamos dos cotorras insoportables que se reían y hablaban como unas desenfrenadas… Y es que así estábamos. Atoradas de ganas de expresarnos y compartir “a la manera latina” el cariño en la conexión con el otro y que muchas veces no nos damos cuenta de lo arraigado que se encuentra en la piel. Acá en Estados Unidos la diferencia ha sido abismal y sin un ánimo de cuestionar la idiosincrasia “americana”, los códigos relacionales distan mucho de los nuestros.

Por ejemplo, ella me cuenta que ya va a cumplir un año y que lamentablemente ya se dio por vencida a la ilusión de poder hacer amigos locales, como era su anhelo al momento de desembarcar a este país. Porque al igual que para la mayoría de muchos inmigrantes, el secreto (y no tan secreto) mandato social, es que sólo puede considerarse a la persona que vivió afuera, cuando ésta ha sido capaz de entablar vínculos con las personas del país. Sino, es como que nunca saliste de tu zona de confort o de aquello que siempre conociste.

Quizás el aspirar a tener más redes locales, sea una especie de fantasía de integración, pero como sea, son cuestiones que con el tiempo van pesando cuando se ven frustradas. Como si ya no fuera pesada la maleta que se carga al momento de partir, muchas personas sufren de ver que por más que se esfuerzan por romper el latino cascarón, se mantienen en un margen social que desde afuera parece casi imperceptible. Nadie lo nota porque te ves feliz en las fotos, visitas lugares nuevos, puedes estar con tu pareja… pero la verdad es que el factor común de todos nosotros es la falta de amigos.

-   Para estar sólo con latinos, me quedo en Uruguay y “ta” (ya está)– Le decía a Martín cuando le proponía ir a alguna escuela de merengue o salsa.

Pero después de haber ingresado a la compañía que la contrató como ingeniera en informática, encargada del desarrollo de aplicaciones digitales, su perspectiva cambió radicalmente. Al principio, intentaba quedar con sus compañeros a almorzar o armar algún panorama el fin de semana, pero terminó por agotarse tras recibir una tras otra declinación a sus invitaciones.

-       No sé yo no lo entiendo. Prefieren comprar algo para comer y pasarse la hora de colación sentados en sus cubículos en frente de la computadora.

A mi se me aprieta el corazón de escucharla porque al igual que ella yo sé lo que es tener una red de amigos entrañables con los cuales compartir tu mundo y un sin fin de experiencias de vida. Si yo vivo conectada a ellos, pensándolos, enviándoles mis energías aunque no hablemos todos los días. Y sé que es mutuo.

Al bajar del avión y llegar a destino, nos sentimos mucho más en sintonía. Ya me habló de su amiga María (con la que se conoció desde que estaban en la panza de sus madres), de su amiga modelo que tiene un gato al igual que ella y que está regresando de estudiar un año en Inglaterra, de su tía joven que es como una hermana más… en fin. Básicamente, de todos sus afectos.

Nada más poner un pie en Florida… ya se siente el sabor latino. Y qué maravillosa experiencia que vivimos. Además del calor natural del clima que abraza las costas de Fort Lauderdale y Miami por donde nos movimos, las personas te miran a los ojos, te sonríen y sin importar quién eres o dónde vives, abren conversaciones con la misma naturalidad que respirar o pestañar. Residentes de Puerto Rico, Cuba, Colombia, Venezuela, Costa Rica y toda américa sabrosa nos abrazaron durante este fin de semana para recordarnos que la vida es maravillosa y que nuestra identidad es así. Fue una confirmación y una validación a nuestra idiosincrasia y raíces. Sobre todo agradecer en el alma el carácter y la manera de ser que tenemos: expresivos, con mil amigos y “de piel”.

Son muchas las imágenes se me pasan por la cabeza al recordar ese fin de semana inolvidable, como cuando me maquilló al Kardashian style para ir a una fiesta y que durante la fiesta tuvimos que arrancar de todos los ancianos de más de 70 años que nos perseguían para invitarnos un trago. O cuando arrendamos un auto y que casi nos chocan por ir gritando (porque no era canto) el último disco de la Beyoncé. Y es que al intentar cambiarme de pista, no vi el auto que se me venía encima por el punto ciego del retrovisor.

Eso era exactamente lo que buscábamos sin declararlo abiertamente. Ahí tuvimos la respuesta. Después del primer día, sólo fue disfrute. Porque en definitiva, nos reconectamos con quiénes somos y qué necesitamos. Yo creo que esa es una gran revelación que libera el alma.

Hoy Cami está regresando de lo que fue su primera visita a su país después de haber partido y se da cuenta del profundo impacto que esta experiencia le ha significado para su vida. Y a pesar de que sufre porque al igual que yo se siente sola, la enseñanza más grande es constatar en la piel que sus amigos están y seguirán estando para siempre. Durante la semana que estuvo en Uruguay, salieron de baile, tomaron mates y abrieron conversaciones entrañables. Quizás eso era lo que también fue a buscar para poder cerrar en paz lo que había quedado abierto y sin sanar cuando se embarcó en esta aventura. Porque a diferencia de la última vez que dejó su país, llena de lágrimas y  cuestionamientos por la pérdida de sus afectos… Hoy se da cuenta que los vínculos que construyó durante su vida, son indestructibles. Al igual que yo con los míos.


Puede que ahora queramos tener más amigos y redes de contención, pero sabemos que ES ESO y que quizás tome más o menos tiempo, pero tarde o temprano llegará. En mi caso personal cuento con Deneb, mi preciosa amiga cubana y ahora con Cami. Y me siento muy feliz por saber que están a mi lado para acompañarnos en esta nueva etapa.

sábado, 21 de mayo de 2016

Milano con aroma a jazmín


Ya de regreso de una escapada por un pedacito del viejo continente, voy hacia la ventanilla del avión con mi nuevo amigo: Luciano. El mismo que saltó de su asiento para ayudarme a guardar mi equipaje de mano, apenas me vio aparecer por el pasillo en dirección a su fila. Es un hombre de unos 65 años que irradia una alegría que me contagia. Y razones le sobran, porque es su primer vuelo y nada menos que para atravesar el océano Atlántico.

¡Voy a América!– Me dice con unos ojos celestes que le brillan más que el cielo en primavera –E`il mio primo viaggio lontano da casa mia. Non vedo come un bambino ¡Picolino!– Mientras se ríe con gracia, me invita a que me acerque, indicándome con el dedo en dirección hacia adelante: –Quelli… sono i mei amici.

Y al asomarme para buscar a sus amigos, los encuentro con la vista clavada en mí y con la misma picardía que a unos niños pequeños a punto de hacer una travesura. Detrás de los asientos, solo puedo verles los ojos achinados de la risa. Ambos me saludan entusiasmados, como haciéndome cómplice de lo que estaba a punto de ocurrir. El viaje de sus vidas.

Luigi e Mariano. Quel ragazzo ahí e Alberto, figlio de Luigi e giocatore di calcio in Inghilterra, prima squadra divisione (delantero del Swansea City, equipo de Inglaterra de la Premier League)– Y me mira levantando las cejas, asintiendo con la cabeza lentamente, tal como reafirmara “el mismo que viste y calza”.

Yo sinceramente nunca lo había escuchado, pero decido seguirle la conversación y ver hasta qué lugares me lleva con su historia. Y la verdad es que me conmovió. Hace más de 50 años que coincidieron en el mismo barrio que los vio nacer, crecer y envejecer. Veranos completos corriendo en las soleadas aceras de Bérgamo, estudiando en la misma escuela y comiendo la pasta, se fueron enlazando lentamente como se unen las hebras en una máquina de coser, hasta que el tiempo fue pasando y el entramado se hizo indestructible. Ninguno fue a la universidad, sino que trabajaron ni bien terminaron la secundaria. Luego se casaron, tuvieron hijos y después nietos. Hoy ya no trabajan como antes, más bien disfrutan de aquello por lo que se esforzaron durante la vida completa. Así es que esas jornadas interminables en el trabajo, han sido reemplazado por los juegos con sus nietos, pizzas por las tardes y fútbol los domingos. Eso sí que es sagrado.

Y un día como hoy, se encuentran todos embarcados rumbo a la aventura. Porque como regalo sorpresa, Alberto (el jugador de futbol y el hijo mayor de uno de ellos), los ha invitado a Las Vegas “tutto pagato”. Cuando aterricen harán conexión a New York al igual que yo para tomar el vuelo a las tierras prometidas. Allá una limosina los estará esperando para conducirlos al hotel que los hospedará durante su estadía. Serán seis días de aventuras impregnadas de viejos recuerdos, anécdotas, carcajadas y luces de cine. Si parecen bambinos, se paran, se sientan y se matan de la risa con las azafatas que les siguen el amén en todo. En realidad somos el sector más desordenado de todo el avión. Yo me río con las locuras aunque entienda la mitad de lo que dicen, pero así es el italiano… se puede descifrar fácilmente.

Pienso que la vida está llena de momentos únicos, sólo hay que estar atentos para no dejarlos escapar. Y esta escena resume mucho de lo que he podido vislumbrar acá, porque me he quedado realmente sorprendida con Milano. Y no precisamente por el magnífico Duomo, la Madonna o el fresco de La Última Cena de Leonardo Da Vinci, que sin dudas forman parte del patrimonio cultural que ofrece esta ciudad. Esto es espectacular y habría que ser bruto para no apreciarlo, pero lo que más me hizo sentido fue el estilo de vida que pude constatar en la medida que me iba internando por cada rincón de este hermosa ciudad. Callejuelas estrechas con suelo de adoquín oscurecidos por los siglos, contrastan con el ocre envejecido de las casas de cuyas jardineras se derraman cascadas de flores en tonos rojos, amarillos, blancos y fucsias. Solo hay espacios para motonetas y bicicletas, los anaranjados tranvías y automóviles circulan en las calles principales y perimetrales. El resto son peatonales –como las que se ubican en el tradicional barrio Brera o al borde del río por el paseo Naviglio– para perderse en una dimensión fuera del tiempo y dejarse llevar al son del acento italiano.

Caminando un día cualquiera, te das cuenta por qué tiene la fama de ser capital de la moda. Acá conviven diferentes estilos cuidadosamente armados según la edad y la personalidad, que dan cuenta de un sentido estético supremo. No importa a qué generación pertenezcas, tu ocupación o la religión que profeses, todo luce sofisticado y cool. Polleras de diferentes telas, coloridos y largos: plisadas, vaporosas, rectas o estampadas, se llevan con zapatillas caña alta, botines o sandalias. Hombres con trajes ajustados en tonos azul cobalto o celeste, con un clavel o pañuelo en la solapa y mocasines de cuero burdeo brillante sin calcetines, que completan con una cabellera prolijamente larga y peinada hacia atrás. También puede ser el rapado a los costados y largo adelante, que algunos acompañan con barba o patillas cuidadosamente formadas. Como sea, el conjunto genera en el viajero un impacto tal que es imposible no sentir el impulso por entrar de urgencia a una casa de moda para estar algo más a tono. Y no exagero.

Pero al sobreponerse a este shock inicial, comienzas a captar códigos particulares que dan cuenta de una manera de mirar el mundo, sobre todo en materia del disfrute. Ya que en vez de encontrar farmacias o sucursales bancarias en cada calle (como abundan en otros países que yo conozco), acá las pizzerías, gelatterias, trattorías, vinotecas y osterías se toman las calles, repletándose hasta que no quepa ni un solo alfiler. Y es que el espacio no solo se colma con los cuerpos, también son las conversaciones, risas, gritos y cantos que ocupan un lugar importante de la interacción entre su gente. Con un triángulo de pizza en la mano y el otro agitándose para enfatizar alguna opinión, beben y fuman en cantidad.

Yo no entiendo cómo con todo lo que consumen, hombres y mujeres, pueden verse tan bien. Si sólo con la mitad yo estaría rodando como una bola. No me entra en la cabeza qué maravillosa receta se guardan los italianos para gozar a lo grande y verse siempre tan bien. Y sinceramente no creo que sea el tipo de maquillaje, efecto visual o que escondan fajas debajo de sus ropas. Conversando con los locales me cuentan que en realidad así como se come, también se ejercitan. No importa la condición socioeconómica que tengas, acá al igual que en España, por ejemplo, la tendencia a entrenar diariamente para mantenerte en forma, va en aumento. Y es impresionante ver en qué estado físico están. Yo pienso que mucho tiene que ver la genética pero es indudable que el cuidado físico contribuye enormemente.

Al igual que en Roma, Florencia o Venecia, el disfrute es transversal y eso produce naturalmente que haya mejor calidad de vida. Personas tomándose los espacios libres, bicicleteando sus paseos, leyendo un buen libro, desconocidos conversando de una mesa a otra como si fueran grandes amigos… Y por supuesto las mascotas. Acá los animalitos son parte de la familia y no tener un perro o un gatito es como que te falta un pedazo. En resumen, hablamos de una integración perfecta entre familia, sociedad y espacio urbano.

Particularmente en primavera, encuentras la ciudad brotada de azahares y jazmín que impregnan las plazas y calles hacia donde quiera que mires. El espacio público es sagrado. Se utilizan mucho las veredas como extensión al local para hacer vida social, así hay algunas más populares en donde prácticamente no puedes avanzar mucho porque se encuentra atestada de multitudes conversando y riendo alegremente con un café, un vino rosso de la Provenza o un Aperol Spritz.

Indudablemente que como en todo lugar en el mundo, debe haber un millón de puntos desfavorables, como el tráfico, la impaciencia y quizás qué otras cosas más, pero sin dudas una estancia por acá invita a anclarnos en el presente, vivir más apasionadamente y disfrutar con estilo el gusto por la gastronomía, el arte y la moda. Al final, qué bien que hace sentirse bien y conforme con uno mismo. Es como una actitud que nace en el interior y que luego se proyecta hacia afuera. A veces es más permanente y otras, son algunos días, según el estado de ánimo y las circunstancias que se atraviesen. Pero cuando nos sentimos a gusto, es como si se dibujara una sonrisa interior.